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La vida de Karina

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¡Hola lectores! Les presento otros de los relatos que escribí hará algún tiempo. En él trato de expresar la dureza de la misma vida. El viento zarandeaba mi ropa mientras corría para que mi hermana Adela no me alcanzara. Mi madre estaba vigilando de cerca, atendiendo a la ropa que se amontonaba en la pila. Mamá dejó su labor cuando llegó un hombre larguirucho que llevaba uniforme, quien le entregó una carta.  Conforme mamá la iba leyendo sus ojos se inundaban de lágrimas. Al verla, mi hermana y yo nos acercamos a ella. Mamá se secó las lágrimas y entró en la casa sin mediar palabra. Al rato, apareció mi tía Emilia y el resto de mis familiares como si se tratase de una reunión. Me resultó extraño, porque no era un día especial. Todos entraron al salón menos Adela, Guillermo y yo, ya que no nos dejaron. ¡Claro, como somos los pequeños nos dejan al margen! ¡Que injusticia!- pensé. Adela sujetaba a Guillermo en sus brazos, acunándolo suavemente mientras yo ponía la oreja detrá...

¿Habéis perdido el juicio?

¡Hola lectores! este es un relato histórico que escribí hace mucho tiempo, sé que no es gran cosa pero en él, trato de encarnar la dura etapa de la Inquisición. Quizás las descripciones no sean demasiado extensas pero esto se debe a que he considerado de mayor importancia otros aspectos. Espero que disfruten la lectura, gracias. Así comienza... La luna se reflejaba en el cristalino río que rodeaba la gran ciudad, las antorchas rasgaron la oscuridad y el silencio fue interrumpido por los gritos de una muchedumbre enfurecida que llevaba en sus manos cuchillos, antorchas y horcas. El gentío perseguía a una joven de no mas de dieciséis años, cuyo rostro se encontraba desencajado por el pánico, su cabello castaño ondeaba con el ajetreo del viento. Ella seguía corriendo pero su trayecto fue cerrado por un tramo incendiado y la multitud se aproximó hasta acorralarla. De repente, Mary se despertó con todo el rostro repleto de sudor y el pelo enmarañado. Se incorporó, fijó sus ojos de colo...

Dos mundos paralelos

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El viento se colaba por la rendija de mi ventana, acariciándome suavemente las mejillas mientras estaba echado en mi cama, tapado hasta las orejas pero el frío me calaba los huesos. Eran altas horas de la madrugada, sin embargo, no podía pegar ojo pues por algún motivo desconocido me sentía inquieto. De repente, alguien llamó a la puerta, me sorprendió pues ¿Quién podría ser a estas horas? – pensé. Me levanté, el corazón me latía con tanta fuerza como si estuviera subiendo la ladera de una montaña. Saqué con cuidado una daga de debajo de una capa de tela enrollada que utilizaba a modo de almohada. La situación que atravesaba mi país era bastante peliaguda y toda precaución era poca. Me acerqué a la puerta sosteniendo y apretando fuertemente la daga, tanto que incluso me lastimé la mano. Cuando estuve lo suficientemente cerca, pregunté con cautela: -¿Quién es? -Soy yo, soy Nuru ¡Abre! -¿A estas horas de la madrugada? ¡Por el amor de dios! ¿Sabes el susto que me has dado?- dije mi...